El ácido mandélico es un alfahidroxiácido (AHA) de alto peso molecular, derivado de la almendra amarga. ¿Qué lo diferencia de los demás AHA?
Todo se debe a sus moléculas grandes, que se difunden durante más tiempo y permiten que las pieles sensibles disfruten de sus beneficios sin sufrir agresiones.
¡Mano de hierro en guante de seda! Extremadamente eficaz y, aun así, muy suave, mucho más que el ácido glicólico, por ejemplo.
¿A quién va dirigido? Antes lo usaban únicamente los profesionales, por ejemplo para los peelings; hoy está muy presente en la cosmética de gran consumo y es apto para todos los tipos de piel, incluso las más sensibles o las más morenas, sin riesgo de despigmentación ni de hiperpigmentación.
- Elimina de forma uniforme las células muertas de las capas superiores de la epidermis, que se vuelve más fina (algo típico de las pieles jóvenes)
- Estimula la renovación celular
- Estimula la producción de ácido hialurónico por parte de la piel
- Activa suavemente la producción de colágeno –el «colchón de muelles» de la piel–, lo que evita la aparición de flacidez
- Unifica el relieve de la piel y reduce el número o la profundidad de las arrugas y las líneas de expresión
- Mejora el tono de la piel y lo unifica
- Limpia la piel y estrecha visiblemente los poros
- El ácido mandélico tiene un efecto antiinflamatorio y antibacteriano más pronunciado que el de otros alfahidroxiácidos;
- Inhibe el crecimiento de bacterias como Staphylococcus aureus, Bacillus proteus, Escherichia coli, Aerobacter aerogenes.
- Ayuda a limpiar la piel de granos y evita la aparición de nuevos elementos inflamatorios
- Elimina los brillos grasos
¡Encuentra a este amigo que te cuida en nuestro Sérum equilibrante con ácido mandélico!
Así como todas nuestras recomendaciones de uso en nuestra guía de belleza: «Ritual de primavera de Belweder»